SUMMERTIME

Dorado vaivén era el sereno océano, olas de plateada espuma salpicaban cristalinas aguamarinas en el terciopelo rojizo de la arena.
Notas jazzisticas de la brisa paseaban por la orilla, acariciando sensualmente el rostro masculino.
Aromas de la dulce canela y de la exótica gardenia despertaban los sentidos transformándolos, cual trazo suave de un boceto, en una figura de deslizantes curvas en el horizonte.
Trigueñas nubes coloreadas por los rayos del sol eran su pelo, el chispeante verde del líquido elemento, sus ojos.
Su piel, su cuerpo, las morenas dunas, moviéndose cimbreante al son del bamboleo del canto de las invisibles sirenas marinas.
Su cálida voz, el melancólico blues del ocaso dejando paso a la tililante noche, a cada segundo más cercana, volviéndose susurrante al oído, al mismo tiempo que lejana.
Él se dirigía ansioso hacia ella. Nunca lograba abrazarla. Se alejaba conforme su atractiva canción más le abrasaba en el corazón.